El bosque encantado


Solemos recostarnos a orillas del bosque mientras contemplamos las estrellas y permanecemos despiertos toda la noche. Nos gusta charlar con absoluta seriedad sobre aquellas cosas que los demás creen imposibles y que a nosotros nos fascinan. Nunca nos hemos cuestionado si todo eso de lo que hablamos en verdad existe. Aquella noche, permanecemos en silencio por un largo tiempo; la fogata, al no tener suficiente madera para seguir ardiendo, empieza a apagarse; los sonidos se mezclan en perfecta armonía y nos hubiésemos quedado dormidos de no ser por aquel centelleo. Nos incorporamos algo confundidos y observamos entre los árboles. Un destello aparece ante nuestros ojos y comenzamos a seguirlo. Tropezamos con las ramas del suelo varias veces pues no quitamos la vista de aquella luz oscilante que avanza con rapidez. El bosque se torna oscuro y solo aquella diminuta luz nos indica hacia dónde ir, pero desaparece detrás de unos arbustos frente a nosotros y tenemos que susurrar nuestros nombres para encontrarnos en la oscuridad. Nos tomamos de la mano y cuando emprendemos el camino de regreso, el centelleo de nuevo aparece. Suspiramos aliviados. Seguimos su rastro de nuevo y pronto otra hada titila revoloteando entre nosotros. Nuestra felicidad rebosa en medio de ese bosque encantado, giramos la vista hacia todos lados, tratando de descubrir si hay otros seres fantásticos, pero no vemos a ningún otro. Las hadas parecen tan felices como nosotros y se van volando lejos de donde estamos. Continuamos siguiéndolas hasta que llegamos al umbral de una enorme cueva. El interior parece vacío, pero una exhalación nos muestra lo que ahí nos aguarda. Toda nuestra alegría desaparece. Esos diminutos seres nos han guiado al dragón, a esa asombrosa criatura que ahora fija sus ojos en nosotros. Nos quedamos paralizados ante el fabuloso animal pues se ve realmente hambriento.

("The magic forest" by ©Angela O'Hara)

Comentarios

Entradas populares