Levantó su corazón del suelo y lo puso en su bolsillo
Me mataste con tu silencio. Me enterraste sin epitafio, sin un adiós. Ni siquiera un “lo siento, no te quiero” o simplemente un “no fuiste lo que esperaba”. Y fuiste tú quien dijo haber encontrado algo maravilloso, algo que te hacía sentir lo que no habías sentido antes. ¿Por qué le has dado un final tan absurdo entonces?
Tu adiós llegó sin avisar, sin una explicación, sin darme tiempo. Me regalaste tu ausencia desleal, egoísta y dolorosa. Y, con el silencio como última palabra, mi imaginación ha sido la única hacedora de la explicación.
¿Por qué necesitaba tu despedida? Sobre todo, para entender. Para seguir avanzando sin mirar atrás. Para no quedar en ese limbo emocional, donde me dejaste lidiando con esta puerta: abierta porque no sé por qué te fuiste, y cerrada a la vez, por no poder encontrar la respuesta.
Mas no soy dada a dejar nada abierto —o estar detrás de alguna puerta cerrada— y es por eso que ahora he regresado, tras seis meses desde tu silencio, pero solo para decir adiós y marcharme. Porque no sólo me rompiste el corazón, me faltaste el respeto, acabaste con mi ilusión y con mi dignidad. Hubiese querido que, en la misma manera en que estuviste presente para iniciar la relación, pudieras haber estado para concluirla.
Quizá simplemente declinaste a compartir tu vida conmigo o solo quisiste vengarte por todas esas veces en que tuviste que suplicarme que te dejara regresar. Mas nada de eso te exime de haberte ido así, dandole la espalda a cada beso, a cada mirada, a cada palabra que me dijiste. Esas palabras que recibí ciegamente, que bebí como si fuese ambrosía y que se volvió veneno desde aquel día que me desechaste, sin ninguna consideración, destruyendo la esperanza de construir ese amor juntos.
Hoy, finalmente he dejado de pedir alguna explicación. Ahora sé que tu repentina supresión de cualquier tipo de comunicación, fue la obvia respuesta a todo. Así que resumiendo todo lo acontecido, me he inventado esta despedida y aunque no hay adiós más triste que el que no se dice, ni se explica, ni se entiende; la verdad es que nunca es buen momento para decir adiós, pero siempre, es necesario.

Comentarios
Publicar un comentario
Cuéntame qué opinas ...